jueves, 7 de noviembre de 2013

Quien es Pacho Lopez

En lo profesional, empecé siendo un pésimo estudiante. En lo personal, me atrevo a decir que un buen amigo. Además, creía tener una gran sensibilidad por el arte, lo que me llevó a cursar estudios en el International Fine Arts College, en Miami, Florida. En ese prestigioso centro tuve la oportunidad de conocer un mundo completamente distinto. El College me abrió las puertas de los Estados Unidos, y me permitió experimentar en persona ese país.
Aunque solía decir que el tiempo que pasé en los Estados Unidos fue uno de los peores episodios en mi vida, ahora, por el contrario, tengo una visión diferente, más clara y real. Ahora sé que cada uno de los eventos que ahí viví, enlazados a los que posteriormente viví en el Perú una vez que regresé, se desarrollaron conforme a “lo que tenía que pasar”. Y sé que tenía que pasar porque hoy, mirando hacia atrás, todo ha cobrado sentido. Un sentido que yo no podía encontrarle a las cosas que me sucedían, ya sea que estuviera en los Estados Unidos o en el Perú.
Quiero decir que lo que hoy hago le da sentido a mi vida. Ese sentido, ese saber que todo está bien, que todo está pasando tal y como debería pasar, y que además me permite relacionarme conmigo mismo, con los demás y con el mundo de un modo inimaginable hasta hace muy poco, hoy lo encuentro en la práctica de eso que, más que una profesión, es un regalo de Dios. Pero también creo que no es un regalo sólo porque yo lo haya recibido. Para mí, es un regalo porque está para ser compartido con las personas que, como lo hice yo en algún momento, busquen ayuda y apoyo. Ese sentido finalmente encontrado, y sólo desde que es encontrado, es, basándome en mi propia experiencia, lo que nos permite seguir adelante en el recorrido de nuestras vidas.
En los Estados Unidos comencé trabajando en la industria más agresiva del mundo, el tiempo compartido. Allí aprendí feroces técnicas de venta cuya práctica diaria me endureció lo suficiente como para convertirme en uno de los recordman de la compañía. Talentoso y sagaz, pero también frío y calculador, la destreza vendedora que allí desarrollé encontraba su equivalente en lo que en karate sería un cinturón negro; e inclusive un sensei, puesto que les enseñé a otros a cultivarla y perfeccionarla. Durante mucho tiempo pensé que todo era correcto, que todo era válido con tal de lograr mis objetivos de ventas…hasta que mi rendimiento bajó cuando, vulnerando los principios de la empresa, empecé a ponerme en los zapatos de las personas a quienes les vendíamos lo que jamás o muy poco usarían. Terriblemente decepcionado conmigo, y sintiendo que no quería seguir formando parte del engaño, como globo que se desinfla mis ventas se desmoronaron. Recuerdo que me despidieron con una frase que se grabó para siempre en mi memoria: "El día que el carnicero le agarra cariño a la vaca, tiene que cambiar de profesión".
Al igual que muchos otros comerciantes, algunos de ellos inescrupulosos, otros lastrados por carencias materiales, y otros más con vacíos personales enormes (mi caso es este ultimo), posteriormente me dediqué a comprar y vender propiedades. Aunque más exacto sería decir: a especular en un mercado tan ávido como yo por llenarse de dinero, lujos y placeres.
Cuando la economía americana se vino abajo, se derrumbó también el castillo de naipes que había creado alrededor de mí y de mi entorno familiar. Perdí todo lo que había construido sobre la base de una falsa idea de bienestar. Una vez con las manos vacías, tuve que dejar la comodidad de mi casa en Boca Raton. No sólo dejé mis carros lujosos y mi bote. También el efectivo gastado inútilmente en pagar las hipotecas de todas las propiedades que habíamos llegado a acumular. Faltando tres meses para volver al Perú, aún pensábamos que en algún momento la economía se recuperaría y que todo volvería a la normalidad.... No fue así. Cerré la puerta de mi casa y, de un día para otro, aterricé en la casa de mis suegros en Lima, llevando conmigo dos hermosos niños y acompañado, como siempre, por mi amada esposa Kathia.
Acababa de llegar al Perú y seguía pensando que la responsabilidad de todo lo que me pasaba era de otro. No miraba dentro de mí. Cargaba con un ego desmesurado y una mochila llena de justificaciones. Sin embargo, muy dentro de mí había una voz que suplicaba bajito, casi susurrando, “ése no eres tú”.
Ante la nueva la realidad aplastante, yo era un aparecido, casi un desconocido en la vida de mis amigos. Conservaban en la memoria la imagen de nuestras niñez y adolescencia vividas juntos, pero no sabían quién era Pacho, en quién se había convertido después de tantos años en el extranjero. Lógicamente, cada cual debía afrontar sus propias luchas y carreras, vivir su vida, al igual que yo, que sentía la fría exigencia de recomenzar mi vida y la de mi familia, pero con la certeza de la fuerza física y mental que me llevaron a construir una estabilidad material en los Estados Unidos.
Poseído por iras y frustraciones colosales, incapaz de conducir mis emociones, me veía envuelto en episodios violentos. Mis vínculos con las justificaciones eran tan íntimos y profundos, que se llegó a crear una realidad paralela, un monstruo que yo alimentaba todos los días.
Uno buen día llegó Avi, maestro ayahuasquero, por ese entonces en formación. Avi me habló con esa gentileza tan suya. Con mucha paciencia y esa sabiduría de maestro, me dijo: "Pacho, tu tiempo llegó".  De un momento a otro me vi en Pucallpa, en una terapia que duró 4 días, donde tuve el encuentro más esperado, el encuentro espiritual conmigo y con el entorno. Allí descubrí que todo el tiempo había sido yo quien había saboteado a sí mismo. Allí creé mi propia realidad, visualicé y descubrí por primera vez el sentido real de mi vida y la razón de mi existencia.
Este es un capítulo que merece ser descrito de forma exhaustiva, pero eso lo haré más adelante. Lo que sí les puedo decir, es que allí apareció la luz al fondo del túnel. Allí surgió el momento de claridad que marcó el principio del fin, la muerte de las creencias limitantes y el paso a tantas grandes revelaciones: el poder de la intención, el amor como fuerza y cobijo, caminar con la verdad por delante, la oscuridad como ausencia de luz, el kabalah y sus enseñanzas, Dios es igual para todas las religiones, la vibración de la música, los demonios internos que al luchar por someternos se manifiestan físicamente, y muchas otras cosas más. Pero, por sobre todas las cosas, la energía del poder de la intención, la misma que a la vez que construye, es también capaz de destruir.
Gozoso de esta nueva experiencia espiritual y convencido de la revelación que ocurría en mi mente, mi espíritu y mi cuerpo, me puse en actividad. Empecé compartiendo mi experiencia, con cierto temor a los escépticos y a los que juzgan severamente sin conocer. De regreso en Lima, me encontré nuevamente inmerso en un pantano de gente inquisidora y dudosa, intolerante y a que veces me mostraba muy poco respeto. Lejos de tomarlo a mal, entendí gracias a la experiencia vivida en Pucallpa, que esa reacción era humana y comprensible, puesto que viviendo en la ciudad y bajo ciertas creencias nos vemos asaltados por las dudas y los cuestionamientos.
Afortunadamente, en este camino fui encontrando gente conectada espiritualmente, no sólo por intermedio del ayahuasca, sino también por otras prácticas, algunas de ellas completamente “naturale”, como el yoga o la meditación. Todas, personas con la espada del amor como arma infalible para someter cualquier embate espiritual, en cualquier terreno y circunstancia.
Sería mezquino nombrar sólo a una persona y al mismo tiempo sería imprudente mencionarlos sin su aprobación, pero sí hubo gente muy importante que influyó en este período de búsqueda de claridad. Un gran amigo, Master en Psicología Junguiana y colega de ayahuasca, con el que compartí muchas horas de diálogo muy enriquecedor y muy bonitas experiencias de crecimiento, me dio el empuje para formarme como Coach en el programa de Coaching y Liderazgo ofrecido por la USIL, Universidad San Ignacio de Loyola.
Descubrí, en los estudios, que había nacido exactamente para ser Coach y que debía seguir adelante con mi preparación... después de varias sesiones de ayahuasca, llegué a la conclusión de que debía continuar mi formación, cosa que hice con el prestigioso Jimmy Azamma, Trainer en Programación Neurolingüística por la Society of Neurolinguistic Programing, Master Practitioner en Programación Neurolingüística, terapeuta Gestáltico, y también facilitador en procesos de cambio organizacional e individual basado en herramientas de PNL.
Jimmy me mostró todo aquello que se podía lograr con las técnicas de PNL aplicadas responsablemente, dentro del marco superior de situación al cual le llamamos situación de ganar – ganar; tu luz, mi luz; creciendo juntos; y Sembrando Amor, el programa que ambos lideramos actualmente. Nos guía el principio del bienestar de todos los involucrados en el proceso y el uso de la correcta intención.
Hoy, formado ya y adecuadamente capacitado, disponiendo del propósito correcto y con la intención en orden, me presento oficialmente como Coach Espiritual.
Busco desde el fondo de mi corazón llegar a ti con todo el amor y el respeto, para efectuar grandes cambios que nos ayuden a generar un mejor entorno, que se refleje en una sociedad mejor, y que nos permita dejar un legado de paz, bienestar y amor a las próximas generaciones.

Pacho López

No hay comentarios:

Publicar un comentario